Revisar los clásicos ha sido una constante a lo largo de la historia del arte. La necesidad de volver, una y otra vez, a contar el mismo relato es los que los ha mantenido vivos. Cada nueva versión da luz a distintos aspectos de la obra. Hay un esfuerzo por adaptarla a cada época, a la cambiante percepción de nuestra sociedad.
Más que hacer una versión de los dos ballets de Tchaikovsky y ceñirse a lo que relatan, el coreógrafo ha tomado esta vez como punto de partida temático el paso de la niñez a la edad adulta, ese momento mágico en el que todo está aún por decidir. Por eso centra su atención en Clara, que durante su sueño se encarna en la princesa Odette e inicia el viaje hacia la adolescencia. Un viaje en el que conviven los sueños, la imaginación y la fantasía, y también los miedos y las ilusiones del despertar a la edad adulta.
Desde el festivo principio del Cascanueces hasta llegar a El Lago de los Cisnes todo debe funcionar como un tierno entretenimiento, un guiño hacia estos clásicos y la época que representan.
Ficha artística
Ficha técnica